Diario de la cuarentena

Marcela Solá nos invita a conocer cómo esta viviendo la cuarentena, compartiendo día a día sus vivencias.

No te pierdas sus escritos en el siguiente link.

Acá te compartimos uno de los últimos 👇

«Hoy mi madre hubiera cumplido 102 años. Era una persona original, es lo menos que puede decirse de alguien de quien todavía se recuerdan mil anécdotas, y de una energía implacable e inagotable. Mis hijos recuerdan muchas, y yo, hoy, recuerdo una en particular, de cuando era chica. Sería alrededor de mil novecientos cuarenta y cuatro, porque ya había una dictadura de militares. Mi madre partió una mañana no sin antes despedirse de mí y de mi hermana, diciéndonos, “tal vez no vuelva con vida”. Tenía esos gestos teatrales. Iba a la casa de Gobierno, sí, a la Casa Rosada, a hablar con el Presidente. El motivo era que el gobierno militar había dejado cesante a su cuñado, médico del Hospital Municipal y ella estaba decidida a revertir esa situación. Resulta notable pensándolo ahora, que creyera que podía entrar, pedir hablar con el presidente y que lo podía lograr. Pero recuerdo bien que mi madre lograba todo lo que se proponía. A raíz de eso yo le encargaba siempre misiones imposibles para que las solucionara. Y bien, partió empilchada como para un baile, llegó a la Casa Rosada, entró y cuando le preguntaron qué quería dijo amablemente, que deseaba hablar con el presidente. No recuerdo cuál era, si Farrell o Ramírez. Supongo que debe de haber cundido el desconcierto en el personal, lo cierto es que se apersonó un militar, un tal Coronel Mittelbach, dijo mi madre, (después supimos que era el jefe de la Policía Federal) que le pidió que lo siguiera y la llevó a un despacho. Allí mi madre tuvo un diálogo que, tal como ella nos lo contó, sólo puedo calificar, a la distancia, como socrático y desopilante. “Usted cree que un médico puede construir puentes”, preguntó, “no, señora”, “y que un ingeniero puede operar de apéndice a un paciente”, “no, señora” “y entonces ¿por qué ustedes los militares creen que pueden hacer cualquier cosa?” Imagino que el hombre estaría anonadado y por eso contestaba a sus preguntas. Así como nos lo relató, así lo estoy contando yo. Expuso el caso de su cuñado y se retiró de la casa de Gobierno, indemne. Al cuñado lo reinstalaron en su puesto y ese año, para Navidad, llegó un inmenso ramo de flores destinado a ella y una tarjeta que decía: Feliz Navidad le desea, Aristóbulo Mittelbach. Hay que decir que ella era extraordinariamente bonita, más que ustedes dos juntas, decía mi padre. Y este es mi homenaje a mi madre en el día de su cumpleaños. Feliz Cumpleaños, mamá, dondequiera que estés».  

Vos, ¿pensaste en escribir tu diario?

4 respuestas a «Diario de la cuarentena»

  1. ¡Excelente el relato! Tiene una textura delicadísima donde el recuerdo de la madre se mezcla con parte de la historia, la realidad que estamos viviendo y el sentido común. Un ingeniero no puede operar una apéndice. En mi caso, como Ingeniero, aplaudo la afirmación y aprovecho para solicitar permiso al personaje-relator de la nota, para que los ingenieros podamos compartir nuestros textos, aunque sean de modesta dignidad literaria.
    Muchos saludos y sigo leyendo con interés todo lo que se publique en la sección. Es como pasear con gente amable por el Rosedal de Palermo en una tarde de sol.

    1. Querido Carlos, muchísimas gracias por su lectura. Al leerlo siento que ambos hemos compartido un paseo amable por el Rosedal en esta tarde de sol.

    2. Al leer su comentario sentí que sí , habíamos tenido una amable caminata el el Rosedal, en esta tarde de sol. Muchas gracias. Esa hermosa imagen muestra que sus textos deben de ser igualmente bellos

  2. Marcela, buscando tu email para contarte la suerte que hemos tenido (la cuarentena nos encontró en Pinamar disfrutando como nunca de la casa), me encontré con esta maravilla que estás escribiendo . Nos encantaría si en el verano andas por acá nos vengas a visitar. Somos Dolores y Horacio , los compradores de la mágica casa frente al golf.

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